Qué es la dislexia

dislexia que esOjos no expertos pueden confundir la dislexia con falta de empeño o madurez, pereza o torpeza. Sin embargo, se trata de un trastorno del aprendizaje de la lectoescritura, de carácter persistente y específico, cuyo origen parece derivar de una alteración del neurodesarrollo.

Algunas teorías consideran que puede deberse a una conexión lenta entre los dos hemisferios cerebrales, o alteraciones de conexión neuronal en una región del cerebro llamada giro angulado, u otras causas. En cualquier caso, es muy importante la detección temprana y la adaptación del proceso de aprendizaje a los tiempos del niño con dislexia.

Cómo se manifiesta

En la lectura el chico puede confundir letras, números, secuencias o explicaciones. Lee y no comprende. Su escritura puede ser ilegible, habla con frases entrecortadas, deja oraciones incompletas, le cuesta pronunciar palabras largas, traspone palabras o sílabas, o no puede realizar rimas simples. Puede tener problemas con las operaciones matemáticas, la ubicación de lugares o direcciones, confusión entre la derecha y la izquierda, percepción errónea del paso del tiempo y del calendario. Las habilidades motoras pueden estar disminuidas.

A las personas disléxicas les cuesta entender que la palabra escrita o hablada se divide en fonemas -unidades sonoras de la lengua- y letras, que se identifican y representan mutuamente. Generalmente esta situación de desventaja se advierte al iniciarse el aprendizaje sistemático de las letras, cuando se nota una falta de interés que no condice con el modo de comportarse del chico hasta ese momento.

La principal dificultad para detectar la dislexia es que sus manifestaciones son muy comunes y variables, y aparecen en distintos grados en la mayoría de los niños. Es necesario estar atento ellas, especialmente cuando se presentan al mismo tiempo: intercambios de letras, palabras escritas al revés (por ejemplo, escribir “sal” en vez de “las” o confundir la “b” con la “d”) o unidas a otras; en la lectura, vocablos incomprensibles, inventados, cortados o invertidos.

Al no comprender lo que leen, los disléxicos se distraen, se cansan y comienzan a rechazar las tareas. Los padres y maestros a veces interpretan esta conducta como desinterés y presionan para conseguir mayor esfuerzo, cuando la sensación de estos niños es similar a la que tendría un adulto inmerso de repente en una clase de escritura china.

Por otro lado, las personas disléxicas son muy sensibles, tienen gran imaginación y fantasía, sentido artístico y creativo. Pueden llegar a ser extremadamente exitosas en el arte, negocios, deportes. Entre algunos disléxicos famosos se cuentan Miguel Angel, Pablo Picasso, Walt Disney, John Lennon, Ernest Hemingway, Tomas Edison, Winston Churchill, George Washington, Henry Ford, Albert Einstein, Anthony Hopkins, Salma Hayek.

Detección y tratamiento a edad temprana

Si el conjunto de síntomas no es observado y atendido en forma temprana, el problema puede ir minando la autoestima. Por más esfuerzos que haga, el niño no logra cumplir con las expectativas de la escuela y de los padres, y la sensación de fracaso puede generar mayores dificultades en el aprendizaje y hasta conductas agresivas o depresivas.

Por eso, cuando se descubren estos síntomas, es importante acudir a un profesional para que realice una evaluación adecuada. Hacerlo entre los 4 ó 5 años es clave. Se puede consultar en primera instancia a un psicopedagogo, que estará en condiciones de sugerir si es preciso acudir a otros especialistas. Los profesionales trabajarán para descartar defectos de visión, de audición, un coeficiente intelectual por debajo de lo normal, alguna perturbación emocional, problemas de salud graves que retrasen el aprendizaje, lesiones cerebrales que puedan afectar al área del lenguaje, retrasos de desarrollo. Algo que puede guiar en el diagnóstico es la existencia de dificultades similares en la familia.

Muchas veces la dislexia –que afecta por igual a varones y mujeres- se arrastra durante años y es el origen, ya cerca de la adolescencia, de conductas como esconder notas bajas o falsificar firmas de los padres. Hay que tener en cuenta que nunca es tarde para tratarla, y que, al contrario de lo que a veces se considera, no desaparece espontáneamente, ni con la maduración, ni con la repetición de un grado, ni con la práctica de lectura. No se soluciona con el tiempo sino que requiere un proceso de reeducación personalizado. En el aula, el niño disléxico debe estar integrado al resto de sus compañeros, pero necesita recibir tratamiento y apoyo escolar. Aunque el tratamiento no es corto, ofrece mejores resultados cuanto antes se intervenga.

El especialista norteamericano Ronald Davis en su libro, “El don de la dislexia”, expone su teoría de que este problema no es otra cosa que una forma diferente de ver el mundo. Los disléxicos, dice, son personas que piensan en imágenes y no en palabras; y están especialmente dotados para la creación. Cierto o no, sí es real su necesidad y derecho de recibir soluciones apropiadas por parte de la escuela y la sociedad, que deben ayudarlos a aprender usando las herramientas que ellos pueden utilizar.

¿Cómo pueden ayudar los maestros?

* Mostrarle al chico o adolescente interés y deseo de ayudarlo.
* Establecer y explicarle criterios para evaluar su trabajo de forma que él pueda entender, sabiendo que los errores van a existir. Evaluar sus progresos en comparación con él mismo y no con los demás.
* Darle atención individualizada siempre que sea posible.
* Asegurarse de que entiende las tareas. Ir paso a paso en las explicaciones. Repetirle la información nueva más de una vez.
* Recordar que requiere más práctica que los demás.
* Darle tiempo para organizar sus pensamientos y cumplir con su trabajo.
* Ayudarlo leyéndole los materiales y los exámenes. Si es posible tomarle exámenes orales.
* Comprobar que utilice libros o materiales que estén al nivel de su aptitud lectora.
* En la escritura, hacerle notar sólo aquellos errores sobre los que se está trabajando en cada momento, y no todos.
* Darle tarea para el hogar liviana (le llevará más tiempo y esfuerzo que a los demás).
* Elogiar su trabajo. Señalarle aquello en lo que necesita mejorar y está más a su alcance.
* Tener presente que su autoestima necesita apoyo. Darle oportunidades de que haga aportes a la clase. Evitar compararlo negativamente con otros alumnos. No hacerle leer en voz alta contra su voluntad. Especialmente destacar sus habilidades.
* Facilitar su aprendizaje a través de otros medios, con instrumentos alternativos a la lectura y escritura, como calculadora, computadora, programas informáticos específicos (lectores, correctores), libros de texto en formato digital, grabador, ipad, tablas de datos, etc.

¿Qué pueden hacer los padres?

Los padres ayudan mucho a un hijo disléxico si:
* Controlan su propia ansiedad ante la dislexia.
* Le brindan al chico o adolescante apoyo emocional y social.
* Le hacen saber con palabras y actitudes que comprenden su problema, que saben que no es tonto y que valoran su esfuerzo.
* Le dan ciertas explicaciones acerca de sus dificultades disléxicas.
* Dejan en claro a su hijo que él puede tener éxito si así lo cree.
* Le muestran que lo seguirán queriendo, aunque no le vaya bien en la escuela.
* Si han tenido ellos mismos problemas en la escuela, contarselo al chico lo hará sentir más normal.
* No lo comparan desfavorablemente con hermanos u otros niños sin problemas.
* No lo sobreprotegen.La guía debe ser el punto de partida y el esfuerzo que realiza el niño. Tienen paciencia con las dificultades prácticas asociadas con la dislexia: confusiones de horarios, equivocaciones al ordenar las cosas, tendencia al desorden, atención dispersa, dificultad para cumplir instrucciones.