Qué es el Síndrome Urémico Hemolítico y cómo prevenirlo

El Síndrome Urémico Hemolítico constituye una enfermedad endémica en nuestro país que anualmente golpea a entre 400 y 500 niños menores de 5 años. Provoca de forma repentina la aparición de anemia, daño renal y, en ocasiones, la afectación de otros órganos como el cerebro o el intestino.

La principal causa de la enfermedad es la infección a través de la bacteria Escherichia Coli O-157 que produce la toxina Shiga responsable de los síntomas característicos de la enfermedad.

Por lo general se asocia a esta bacteria con la carne vacuna picada ya que suele estar presente en la flora normal del intestino vacuno. Durante la faena la carne puede contaminarse en su superficie o por dentro.

Otras fuentes de contacto pueden ser los lácteos no pasteurizados y el agua sin potabilizar.

Muchas veces la contaminación cruzada se produce cuando otros alimentos no infectados toman contacto con la bacteria por compartir elementos de cocina como tablas, tenedores o cuchillos.


Más que generar miedo en el consumo de los alimentos antes descriptos, las madres deben tomar unas simples medidas de prevención para evitar el contacto de sus hijos con la bacteria. Las más importantes son:

*  Cocinar muy bien la carne. A 70°C la Escherichia Coli muere. Los niños menores de 5 años deben comer la carne “tipo suela”, sobre todo cuando se trata de hamburguesas.

*  Lavarse muy bien las manos. Sobre todo antes y después de preparar los alimentos y después de ir al baño.

*  Evitar la contaminación cruzada de alimentos. Usar diferentes utensilios (tablas, tenedores, cuchillos) para cortar la carne cruda y la cocida. También es importante que alimentos crudos (como verduras) no tomen contacto con los jugos de la carne. Puede suceder cuando se coloca la carne en los estantes superiores de la heladera y la verdura en los inferiores.

*  Consumir lácteos pasteurizados. También hay que respetar la cadena de frío.

*  Utilizar agua potable y no nadar en aguas que puedan estar contaminadas.

*  Lavar muy bien verduras y frutas.

Con estas simples medidas preventivas (que, lamentablemente, por lo general no se realizan) los padres pueden estar tranquilos de que la bacteria no tomará contacto con sus hijos.

Consultar de forma inmediata a un pediatra si aparece cualquiera de los síntomas de la enfermedad: diarrea acompañada de dolor abdominal tipo cólico, sangre, moco o pus en la materia fecal, vómitos, palidez extrema seguida de la falta de eliminación de orina.

Lo más importante es comenzar con un tratamiento de forma rápida. Muchas veces es necesaria la internación en la unidad de cuidados intensivos donde se realizará diálisis peritoneal, la cual permite la eliminación de desechos de la sangre ante la falta de función del riñón.

Es importante que los padres sepan que la evolución es favorable en el 95% de los casos pero pueden haber secuelas a largo plazo dentro de las cuales se pueden incluir: hipertensión arterial, insuficiencia renal crónica y, en casos severos, el trasplante renal.

Por todo lo antedicho sigue siendo fundamental la prevención con medidas que podemos realizar de forma muy simple.