¿Por qué no adelgazo?

por que no adelgazo

El exceso de peso suele deberse a un conjunto de factores y no a uno solo. Para evaluar por qué nos mantenemos por encima del peso que se considera saludable debemos tener en cuenta toda una serie de condicionantes. Al analizarlos nos daremos cuenta de que hay varios motivos.

Repasemos cuáles son las causas más comunes por las cuales una persona no logra establecerse, y finalmente mantenerse, en un peso adecuado (entendiéndose adecuado como saludable, es decir, el que se obtiene a partir de la fórmula del Índice de Masa Corporal (IMC): dividir el peso entre la altura al cuadrado. Si el resultado se sitúa entre 18 y 25, significa que tenemos un peso correcto).

[features_box_grey width=”87%” + border=”2px”]Claves para entender:
Motivarse es clave
: cambiar de hábitos no es fácil por lo que la motivación es necesaria para no abandonar la dieta.
El picoteo excesivo y poco saludable es uno de los factores que nos aleja de conseguir resultados.
Escoger formas de cocción ligeras y alimentos nutritivos pero poco calóricos es fundamental.
Hacer actividad fisica por lo menos 3 veces por semana.[/features_box_grey]

Falta de motivación: ¿por qué queremos adelgazar?, ¿qué motivos nos mueven a perder peso?, ¿hasta dónde queremos llegar? y ¿qué esfuerzos y cambios estamos dispuestos a hacer? Puede parecer una tontería pero si no tenemos claros los motivos y no estamos suficientemente motivados para cambiar nuestros hábitos dietéticos es muy probable que no consigamos nuestro objetivo. ¿Por qué muchas personas que por lo general experimentan problemas para perder peso lo consiguen ante una celebración de boda o tras tomar consciencia de un problema de salud como una patología cardiovascular? Precisamente porque en ese momento han encontrado la motivación suficiente para llevar a cabo todos los cambios que deben realizar y asumen el esfuerzo que supone.

Método erróneo: existen multitud de dietas absurdas a las que nos podemos aferrar, sin tener garantías sanitarias al respecto, que nos prometen muchas cosas y que generalmente consiguen provocarnos una bajada de peso brusca inicial y luego son insostenibles. A menudo se aconsejan dietas monótonas, que eliminan grupos de alimentos al completo y que aparecen como fórmulas mágicas que atraen pero que no son factibles a largo plazo. De hecho, a largo plazo podrían ocasionar carencias. Debemos dejarnos asesorar por un experto que, a menos que padezcamos problemas de salud, no nos va a prohibir grupos de alimentos sino que nos indicará un cambio de hábitos progresivo y que, por supuesto, se debe mantener en el tiempo a no ser que queramos recuperar el peso.

Abandonar antes de tiempo: en muchas ocasiones el simple hecho de cometer un exceso en el contexto de una dieta adelgazante es ya el detonante que nos lleva a abandonarla (“como ya me he saltado la dieta, ahora ya da igual”). Nos volvemos a topar con la fuerza de voluntad y con los pensamientos en negativo. Otras veces, tras un exceso nos auto-castigamos sin cenar o con conductas similares, lo que no hace sino crear más expectativas tanto físicas como psíquicas sobre la siguiente comida. Somos humanos, tenemos vida social y un exceso puede producirse, simplemente hay que seguir con los hábitos adecuados en la siguiente ingesta; ni tirar la toalla ni castigarse suelen ser buenas formas de afrontarlo. Simplemente, podemos realizar la siguiente comida un poco más ligera para compensar la anterior más copiosa.

Picar mucho y mal: hay muchos motivos que nos pueden llevar a picar y ello se puede convertir en un hábito difícil de erradicar. Debemos encontrar el motivo o motivos por los que picamos y poco a poco poner solución, picando menos, tomando alimentos menos calóricos y más sanos, etc. Si picamos por temas psicológicos (para aplacar la ansiedad, por ejemplo) debemos aceptar que picar no es la solución y buscar una salida mejor a nuestros nervios: el deporte, una afición, o afrontar el problema si es que de eso se trata. Si durante el día no comemos bien debemos ponerle solución, realizando suficientes comidas (entre cuatro y seis ingestas) y de cantidad y composición adecuada, saciándonos cuando debemos y olvidando los tentempiés descontrolados.

No cambiar de hábitos: el concepto “dieta de adelgazamiento” se debería cambiar por el de “modificación de la conducta alimentaria y hábitos”. No hay alimentos prohibidos ni debemos renunciar a nuestra vida social por miedo a saltarnos la dieta. Sencillamente se trata de encontrar la forma de acudir a una comida o cena sin realizar ingestas hipercalóricas, sabiendo escoger comidas y bebidas más ligeras y controlando las cantidades. Y si, de vez en cuando, nos tomamos un helado, u otro alimento energético, no pasa nada.

Mala elección de alimentos y técnicas de cocción: en muchos casos el problema radica en nuestra costumbre de realizar preparaciones muy grasas o elegir alimentos muy concentrados energéticamente. En estas ocasiones, con poca cantidad ya tomamos muchas calorías, y si éstas no se queman con la actividad cotidiana, el resultado es una ganancia progresiva de peso que, con el tiempo, se acaba notando. Si, además, sumamos épocas en las que se cometen más excesos como las vacaciones o Navidades y si, para colmo, cada año realizamos menos ejercicio, al final acabamos sumando unos cuantos kilos de más. El secreto está en pasarnos a técnicas de cocción ligeras (vapor, plancha, horno, salteado con poco aceite…) en detrimento de las más grasas (fritos, rebozados, empanados, guisos grasos, en salsa…). Asimismo, se trata de priorizar las verduras, frutas, pescados, cereales integrales y legumbres, y reducir las grasas saturadas (sustituir los lácteos enteros por desnatados, evitar embutidos, carnes grasas y bollería o pastelería) y los dulces. También es importante beber más agua y menos refrescos azucarados y bebidas alcohólicas.

Poco ejercicio: en ocasiones, a pesar de llegar agotados a casa, todo nuestro ejercicio ha consistido en ir de un sitio a otro, en coche, moto o transporte público y desgastarnos por las prisas y el ajetreo. Formamos parte de una sociedad cada vez más sedentaria y eso ocasiona en gran medida los problemas de sobrepeso y obesidad, que además están asociados a un mayor riesgo de sufrir dolencias cardiovasculares y osteoarticulares. La actividad física moderada debe formar parte de nuestra rutina (caminar, salir en bicicleta, nadar, etc.) al menos durante media hora, tres días a la semana.

No plantear un objetivo realista: las famosas “dietas milagro” nos atraen con pérdidas rápidas y sustanciosas que luego son muy complicadas de mantener. Otras veces planteamos el objetivo final, que frecuentemente es lejano, y nos desesperamos al pensar que no llegaremos nunca. El ritmo de pérdida de peso variará en función de cada persona, según la edad, la pérdida de peso que requiera, la historia dietética previa, condicionantes personales, etc. Así pues, sólo un profesional nos puede aconsejar sobre si llevamos un ritmo adecuado o no, y nos debe ayudar a plantear objetivos realistas en función de nuestro caso.

No mantener hábitos: el error número uno al conseguir el peso adecuado es relajarse y volver progresivamente a nuestros hábitos dietéticos anteriores. Es muy importante, y lo debemos tener claro antes de empezar, que nuestra forma de alimentarnos y nuestros hábitos de actividad favorecían el sobrepeso, de manera que si volvemos a ellos recuperaremos el peso que hemos logrado reducir. Por ello, si queremos conseguir un peso saludable de por vida, debemos ir realizando cambios que se deben mantener para siempre.

La pérdida de peso se puede ver influenciada por muchos factores y hay multitud de condicionantes que entran en juego. Se trata de ir modificando nuestros hábitos, mantener a raya los alimentos calóricos, plantear un objetivo realista, saber qué tipo de preparaciones nos convienen más, tener estrategias para evitar picar entre horas, conocer los alimentos que nos sacian y nutren con menos calorías o tienen un perfil nutricional más interesante, etc.[order_box_1 width=”45%” + border=”2px”]

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