Los diferentes estilos de yoga

Cada día se acercan más curiosos a las clases de yoga y la práctica gana terreno como entrenamiento físico, mental y espiritual. “Si bien es una actividad milenaria, nacida en la India, cuando llegó a Occidente se fue aggiornando para satisfacer las necesidades de la sociedad, por eso, vemos diferentes estilos”, explica David Lifar, presidente de la Fundación Indra Devi.


¿Por qué atrae tanto? Además de ser una buena opción para saldar las dolencias y mejorar el rendimiento, ayuda a aliviar el estrés cotidiano en un espacio donde reina el silencio y la concentración. En todas sus variantes, el objetivo es el bienestar físico a través del control de la respiración (pranayama) y de las posturas (asanas).

Los expertos recomiendan tomar dos clases semanales en grupo o una, para los más tímidos. También se hacer de manera particular. Lo ideal es practicarlo sobre una alfombra, esterilla o manta doblada extendida en el piso, en una habitación ventilada. Es posible realizarlo en familia (los niños a partir de los seis años) porque no se dividen los grupos por nivel de dificultad. ¿Lo mejor? Realizar las series de posturas en casa todos los días una vez aprendida la técnica.

Hatha Yoga

Se trabajan los grupos musculares más importantes, desde las piernas, el tronco, los brazos y el cuello. Focaliza el trabajo en la correcta alineación de la columna vertebral y las distintas articulaciones. Es el más practicado en Occidente y consta de diversas etapas. La primera corresponde a las posturas, la segunda al control de la respiración, la tercera al control de los nervios o “Pratyahara”, la cuarta al control de la mente, “Dharana”, la quinta a la meditación o “Dhyiana” y finaliza con el “Samadhi”, que significa la iluminación espiritual.

Es importante acompañar las posturas con una respiración rítmica y completa, siempre exhalando e inhalando por la nariz y con la boca cerrada. Al principio, no deben sostenerse durante más de quince segundos y se recomienda descansar brevemente entre cada una. La meta es extender el tiempo gradualmente hasta llegar al minuto, a medida que se avanza en la práctica. Estas clases, por lo general son tranquilas, sirven para disminuir el estrés, y ayudan a flexibilizar los músculos y a tonificarlos.

Iyengar

Es similar a una clase de streching en el gimnasio y se lo llama también “yoga terapéutico”. Se caracteriza por la precisión, la intensidad y el dinamismo en los movientos y el uso de elementos como cintos, ladrillos y bolsters (almohadón) para lograr las posturas con facilidad y mantenerlas durante más tiempo. Beneficia la elongación, el impulso nervioso y la circulación sanguínea.

Ashtanga

Es una manera dinámica y energética de realizar Yoga, que utiliza la respiración para fluir y unir una postura con otra. Se denomina “meditacion en movimiento”, ayuda a lubricar las articulaciones y desarrollar los músculos de pies y piernas, manos y brazos, abdominales, glúteos, espinales, dorsales, intercostales, trapecios y los músculos de la cara.

Las posturas se sostienen de 5 a 25 respiraciones, según el nivel del alumno. Originalmente, era una práctica para hombres, por la cantidad de veces que se realiza el “chaturanga” (flexiones de brazos y saltos). Fuerte y sensible a la vez, se puede adaptar a cada persona.

Bikram

Es el secreto de estrellas como Lady Gaga y Ashton Kutcher. Sólo hay un centro que lo practica en Buenos Aires y se basa en series de 26 posturas del Hatha Yoga y dos ejercicios de respiración en una sala climatizada a 42° grados. Por más que parezca extraño, durante los 90 minutos de la sesión, la temperatura del ambiente estimula el sistema cardiovascular y el sistema inmunológico. Lo más importante: asistir a la clase hidratado para reaccionar bien al calor.