Los 20 quesos que más engordan

Son ricos, multiuso y nos salvan de un apuro… Pero pueden traicionarnos cuando buscamos bajar de peso. Para estar atentas, una nutricionista nos armó un listado con los quesos menos recomendados si nos preocupan los kilos de más.


El queso es un alimento con una alta concentración de calorías, en especial los de pasta dura elaborados con leche entera. Esto se relaciona directamente con el porcentaje de grasas, donde predominan las saturadas. Cuanta más se extraiga de la leche antes de su elaboración, más bajo será el tenor graso del mismo. Por otro lado, a mayor cantidad de suero, menos grasa.

Desde hace tiempo, afortunadamente, se pueden encontrar en el mercado quesos de pasta semi dura, fresco y cuartirolo con menor contenido de grasa y algunos, a su vez, sin sal agregada. Están orientados a personas con necesidades especiales o bien a las que desean cuidar su alimentación y hacer prevención. Siempre hay que leer las etiquetas para evitar confusiones o engaños.

La siguiente es una tabla comparativa de los quesos con mayor cantidad de calorías (valores promedio, por cada 100 gramos):

* Rallado: 460 calorías.

* Quesillo: 440 calorías.

* Manchego (oveja): 420 calorías.

* Rallado light (reggianito): 416 calorías.

* Mascarpone: 410 calorías.

* Cheddar: 410 calorías.

* Stilton: 410 calorías.

* Mar del Plata: 400 calorías.

* Provolone: 400 calorías.

* Sardo: 400 calorías.

* Roquefort: 380 calorías.

* Colonia: 380 calorías.

* Emmental: 380 calorías.

* Pategrás: 380 calorías.

* Gruyère: 380 calorías.

* Provoleta o provolone parrillero: 380 calorías.

* Reggianito: 380 calorías.

* En hebras 4 quesos (provolone, muzzarella, pategrás y reggianito): 380 calorías.

* En hebras reggianito & pategrás: 380 calorías.

* Azul: 370 calorías.

En busca de la pareja “light”

Por suerte, tenemos a nuestra disposición numerosos quesos rotulados como “light” con menos grasa y/o sodio. Algunos ejemplos son los untables, la ricota, la muzzarella, el Por Salut, el Saint Paulin, el cuartirolo, el rallado y el que viene en hebras.

El valor nutricional y las modificaciones que se hayan realizado siempre se deben explicitar en la etiqueta. Así, se puede comparar con el producto común y entre las diferentes marcas, para saber qué nutriente se redujo, en qué proporción y si afecta o no su valor calórico.

Cualquier alimento con estas características debe incluirse con moderación para que cumpla su verdadera función. Por ejemplo, en lugar de dos fetas de queso común, ingerir la misma cantidad del reducido en grasas. Solo de este modo se ahorran calorías.