Intolerancia al trigo o celiaquia

Está por todas partes. La preocupación por las intolerancias alimentarias aumenta porque somos más conscientes de que muchos de los síntomas que sufrimos a diario, tienen que ver con que algún elemento de nuestra dieta puede no estar sentando muy bien.

Alteraciones en la piel, problemas digestivos de diversa índole como diarreas, estreñimiento, hinchazón abdominal bastante aparatosa y gases. Cansancio con la sensación de no estar nunca en forma. Un cuadro disperso de síntomas inespecíficos que pueden hacernos pensar que forman parte de nuestra particular manera de funcionar. Años después, se nos ocurre la posibilidad de analizar la tendencia a padecer una intolerancia al trigo o lo que es más serio, una celiaquía, y aquí está. Una historia bastante común. Queremos saber más, ¿verdad?

La novedad en todo esto, es que actualmente se empieza a valorar la posibilidad de que una persona que no es celiaca porque las pruebas específicas no lo confirmen, sufra también síntomas similares. Se abre entonces la posibilidad de un nuevo concepto, la intolerancia al trigo. La absoluta incapacidad para asimilar el gluten con una sintomatología que limita extremadamente la calidad de vida, es la celiaquía. La intolerancia al trigo, tiene síntomas más vagos con los que se puede vivir durante años con incomodidad y malestar, pero los análisis no determinan una patología concreta.

En el caso de la celiaquía, la terapia nutricional implica la restricción absoluta de harinas de trigo pero también de cebada, centeno y avena. También se restringen las variedades más alternativas como la espelta o la escanda y el kamut.

Para la intolerancia al trigo sin embargo, la limitación va más dirigida a controlar la ingesta de trigo común. De hecho, en muchos de los casos en los que no existe una celiaquía comprobada a nivel analítico, la espelta, que es una variedad del trigo, sienta estupendamente. No da problemas ni de gases ni de hinchazón de abdomen con dolor.

Mi recomendación si hay sospechas de padecer una intolerancia de mayor o menor índole es hacer simplemente la prueba de eliminar durante una semana, el trigo en la dieta. Si la mejoría es innegable, podemos avanzar en la investigación. Lo siguiente, valorar con un alergólogo la relación entre esta mejoría y la posible eliminación de otros síntomas. Ojo, no quitamos el trigo así sin sentido en plan moda. Es una valoración que hay que hacer cuando la salud da señales de alarma. Eliminar alimentos sin control, nunca es positivo. Es igual de malo que automedicarse. Causa confusión y solo ayuda a desaprender nutrición.