Importancia de la vitamina D y el calcio en la salud a largo plazo

dieta-calcio-y-vitamina-dLa nutrición, qué duda cabe, es una de las responsables del estado de salud de las personas. Las investigaciones e intervenciones basada en evidencias científicas sobre la alimentación y la actividad física tienen un enorme potencial para reducir la carga global de enfermedad.

Por ejemplo, en nuestro país, que es un importante productor de lácteos, dos terceras partes de los escolares, adolescentes y adultos no alcanzan a consumir la cantidad de calcio recomendada. Las necesidades promedio en Argentina son de alrededor de 880 mg por día y por habitante y hoy se consumen 640 mg (400 de origen lácteo y 240 de origen no lácteo). Lo advierte una reciente investigación realizada por el CESNI, una ONG con 37 años de trayectoria que viene relevando patrones de alimentación para mejorar la salud de nuestros niños y de la sociedad en general.

Una encuesta realizada en las principales ciudades del país por CESNI demuestra que a partir de los dos años de edad disminuye la ingesta recomendada de lácteos (que es de tres porciones), especialmente en el momento de la vida en el que los huesos están en su etapa de mayor crecimiento. Hoy, más de las tres cuartas partes de nuestros niños adolescentes y adultos no consumen el calcio recomendado.

La baja ingesta de calcio tiene otras consecuencias para la salud, más allá del mayor riego de fractura y osteoporosis de los huesos. Algo similar puede decirse de la Vitamina D, que normalmente se sintetiza en la piel cuando esta se expone a la luz del sol. Pero, en un mundo cubierto de ropas y protector solar por temor justificado a las enfermedades de la piel, dependemos cada vez más de la ingesta alimentaria y se hace necesario considerar estrategias como la fortificación de alimentos para prevenir su deficiencia.

Recientemente publicamos junto a los Dres. Ricardo Uauy y José Belizán un libro denominado “El papel del Calcio y la Vitamina D en la salud ósea y más allá”, que contó con la participación de importantes científicos de la región. A continuación, resumo muy sucintamente algunas de las principales conclusiones de ese trabajo.

Un aspecto poco conocido de la importancia del calcio es en relación con la salud de la mujer embarazada, ya que su deficiencia juega un papel importante en una de las principales causas de muerte materna. La hipertensión en el embarazo afecta al 10% de las gestantes y sus formas más severas, la preeclampsia y la eclampsia, reducen su riesgo a la mitad cuando se ingieren más de 900 mg por día de calcio.

Por este motivo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha recomentado firmemente  suplementar a la embarazada con 1.500 a 2.000 mg diarios de calcio a partir de la semana 20 de gestación, en especial en las poblaciones con baja ingesta de este mineral. Es interesante señalar que estas investigaciones se originaron en Guatemala hace más de 30 años por el Dr. José Belizán, un visionario médico obstetra argentino, hoy investigador superior del CONICET.

El momento de mayor acumulación de calcio se da cuando se produce el mayor crecimiento de huesos y dientes y es precisamente cuando en nuestro país baja significativamente su ingesta, es decir, en la niñez y adolescencia. Una menor ingesta de calcio en la infancia determina a futuro un mayor riesgo de fracturas por osteoporosis. Se ha dicho que la osteoporosis es una enfermedad de la vida adulta que se inicia en la infancia y adolescencia.

Pero, más allá del hueso, comienza a acumularse evidencia que indica que la ingesta adecuada de calcio podría contribuir a disminuir el riesgo de obesidad y de diabetes II. Datos promisorios indican que las personas con una mayor ingesta de lácteos, especialmente los fermentados como el yogur, tendrían una menor progresión al sobrepeso.

La vitamina D también es esencial para la salud ósea y además incide en el crecimiento y en la maduración celular. La deficiencia de vitamina D en embarazadas se ha asociado con mayor incidencia de preeclampsia, cesáreas, vaginosis, parto prematuro y diabetes gestacional. En el bebé aumenta el riesgo de hipocalcemia (que puede llegar a causar síndrome convulsivo y cardiomiopatías), raquitismo, fracturas y mayor riesgo de diabetes tipo 1, esclerosis múltiple e infecciones respiratorias.

La vitamina D surge principalmente de un precursor en la piel que se activa mediante la exposición a la luz solar. Lamentablemente, gran parte de la población del Cono Sur tiene déficit de vitamina D, en especial en la Patagonia y el sur de Chile, pero también en la ciudad de Buenos Aires. Es que el uso intensivo de pantallas solares y la recomendación de una menor exposición al sol -muy razonable por cierto- hace que seamos más dependientes de su ingesta a partir de los alimentos.

¿Cómo se puede solucionar esto? Tener una dieta variada, cumplir con las recomendaciones de las Guías Alimentarias de dos a tres porciones de lácteos por día. Una porción es el equivalente de un vaso de leche o yogur o un cuadradito del tamaño de una caja de fósforos de queso.

Si los lácteos no son incorporados en una cantidad significativa no ejercen efecto. En este sentido, vale la pena mencionar que en la investigación de CESNI, la mitad de los adultos contestaron que ingerían leche, cuando en realidad la utilizaban solamente para cortar el café.