Correr mejora el humor y aumenta la autoestima

¿Qué le pasa a una cabeza que corre? La biología dice que el aumento del flujo sanguíneo en el cerebro sostiene el sistema motor en condiciones de alerta. Pero el efecto es bastante más potente: el runner’s high, describen Martín De Ambrosio y Alfredo Ves Losada en Por qué corremos, mezcla el nirvana emocional con la euforia de la actividad física prolongada. La base química es la liberación de endorfinas, opioides que se juntan con los receptores cerebrales y producen la sensación de placer, en un principio que también funciona para el amor y la droga. Correr mejora el humor: nos sentimos más fuertes, más confiados, menos ansiosos.

¿Y qué puede hacer el cerebro por el runner? Trazar estrategias. Las de asociación, que suelen usar los especialistas en distancias largas, orientan la concentración en un escáner -sistemas corporales, respiración, molestias puntuales- para evitar distracciones y bajar los efectos del estrés. Las de disociación permiten evadirse: desde un recuerdo hasta un punto del paisaje, todo sirve para no pensar en el esfuerzo. Claro que los escenarios se cruzan: un profesional puede disociarse para ignorar el dolor; un amateur, “asociarse” para volver al foco. El corredor también puede apelar a la visualización en tres partes: determinación de un objetivo y creación de una autoimagen positiva, relajación y visión de uno mismo consiguiendo ese objetivo.


Cualquier runner sabe que la cabeza puede dispararse en múltiples direcciones, sobre todo cuando aparece el dolor o cuando llegan los llamados minutos de quiebre (como la clasificación parcial en mitad de una carrera). En línea con las anteriores, las técnicas de mindfulness apuntan al control: mientras se busca un foco neutro en la respiración, detectan y apartan las ideas obstaculizadoras para optimizar el recorrido mental. Se trata nada menos que de extirpar el jucio crítico, los pensamientos que puedan desvalorizar.

Los más afortunados no necesitan nada de eso y viven en un perpetuo flow, ese estado aún más etéreo y budista que el runner’s high: sin tiempo ni pensamiento, los movimientos salen solos. “Hay que transformar todo en una situación de disfrute. El objetivo es lograr la mejor expresión de vos mismo en esa carrera en particular”, aconseja la psicóloga Adriana Mirella desde el Centro Argentino de Excelencia Deportiva.

Cuando ven runners, los psicólogos ven dedicación. “Es una subcultura de nuevos ideales que podrían englobarse en el concepto de alcanzar la meta”, dice Marcelo Halfon, psicólogo especialista en vínculos y deporte.”Se cambian las jerarquizaciones en función del deseo de correr, reorganizando el tiempo, la alimentación y el sueño. Hay un mayor sistema de cuidados, con un reenvío a lo individual y a la exigencia de mejorar las marcas”. A Mirella le atrae la profusión de “mujeres de treinta y pico con hijos que se volcaron a la actividad porque es accesible, porque no requiere un desarrollo previo y porque responde a un impulso de la vida motora natural”. Aunque las motivaciones individuales son siempre poderosas, “el otro está en nuestra esencia filogenética y las acciones de conjunto ayudan a soportar el cansancio, el sufrimiento y el dolor”.

Los runners no llenan sus consultorios. Los pocos casos patológicos que vio Halfon estuvieron ligados a trastornos alimenticios o estéticos encubiertos. Con una frecuencia que no llega a alarmarla, Mirella destaca los rasgos cercanos al TOC del corredor compulsivo, que a un lesionado no puede dejar la actividad. Si los músculos le exigen descanso, el cerebro le devuelve abstinencia, malhumor e hipersensibilidad.”Correr se transformó en su objeto -diagnostica- cuando, en realidad, debería tratarse de mejorar la salud”.

O, simplemente, de sentirse bien.

Recomendaciones para runners por Carolina Rossi

“Buscar ayuda profesional y no autoentrenarse. Entrenar progresivamente, respetando los tiempos de adaptación del organismo y sin abusar del volumen y de la intensidad al comenzar. No quemar etapas. Anotarse en carreras largas recién cuando ya se participó, con éxito y varias veces, de otras inferiores”.

Los preceptos del runner indican que la mejor predisposición se encuentra a la mañana, con la energía al tope. “Pero algunos se sienten más enérgicos a la tarde o a la noche: prefieren descargar el estrés de la jornada laboral”. En cualquier caso, hay dos franjas ideales que delimitan los picos de rendimiento hormonal: de nueve a once y de dieciocho a veinte. Es recomendable alternar superficies: en las duras (mejor el asfalto que el cemento) se va más rápido; el pasto y la tierra exigen más los músculos, pero protegen las articulaciones. Aunque no está al alcance de todos, la mejor síntesis es el tartán, el sintético de poliuretano de las pistas de atletismo.

Los defensores de la teoría de pies descalzos (ver aparte) aconsejan reeducar la postura, en una pisada que no sobrecargue el talón: espalda recta, cabeza estable, brazos en alto, rodillas flexionadas, impacto con la parte delantera de la planta del pie, patada hacia atrás. Movimientos cortos y ligeros, no largos y enérgicos. Correr cómodo y relajado, aumentando la velocidad de modo progresivo. Otras medidas deseables: empezar caminando si tenés sobrepeso, usar ropa llamativa y refractaria, mantener los sentidos alerta. La música te transporta, pero que no bloquee tus oídos.