Cómo dejar de fumar sin engordar kilos

Dejar de fumar sin engordar parece una “misión imposible” pero no es tal si entendemos que las ventajas de abandonar el hábito tabáquico superan, sin lugar a dudas, a la incomodidad de esa abstinencia.

¿Qué cosas nos conviene hacer para lograr nuestro objetivo? Fundamentalmente: comer y vivir sano.

Lo primero que tenemos que encarar es un estilo de alimentación saludable, escogiendo muy bien los alimentos, ya que algunos de ellos incitan al consumo de tabaco, como por ejemplo, el café, el alcohol y la carne.

También es conveniente evitar las comidas muy condimentadas, las frituras, salsas, los chocolates y postres porque son alimentos que estimulan el deseo de fumar. En cambio hay alimentos como la leche y las hortalizas y frutas, que ayudan a alejarse de este hábito.

Es muy aconsejable aumentar el consumo de líquidos ya que, además de ayudar a la desintoxicación del organismo, reducen el hambre y la ansiedad y dan sensación de saciedad.

Es muy común al dejar de fumar el impulso por comer golosinas, por lo que es conveniente tener a mano snacks saludables, tales como: palitos de zanahoria con un dip de queso blanco, alguna gelatina mezclada con trozos de fruta o chicles sin azúcar.

La abstinencia puede producir cambios como irritabilidad, ira, nerviosismo ó ansiedad. Las infusiones relajantes como el té de tilo u otras hierbas pueden apaciguar las ansias de fumar y, además, ayudan a conciliar más fácilmente el sueño, factor más que importante para evitar la ganancia de peso.

¿Por qué deberíamos evitar la “comida basura”? Porque la idea es depurar al organismo de todo tipo de tóxicos. Además, este tipo de comidas que se componen, fundamentalmente, de grasas saturadas, grasas trans, azúcares y/ó harinas refinadas, son hipercalóricas y conllevan una conducta tan adictiva como la que conduce al hábito de fumar.

Lo mejor, en cuanto a alimentación se refiere, es hacer cuatro comidas con productos frescos: carnes magras, aves, pescados, lácteos descremados, verduras, frutas, legumbres y cereales integrales.

Otro capítulo fundamental en este difícil camino de dejar de fumar es la actividad física. El ejercicio no sólo quema calorías y mantiene elevado el metabolismo basal, sino que también actúa como una descarga de la ansiedad que produce la abstinencia de tabaco.

Es el mejor ansiolítico, antidepresivo y antiestresante por las endorfinas que genera y mantiene la mente en un estado más puro.

La capacidad respiratoria, muchas veces disminuida por el tabaco, se ve muy beneficiada por una actividad física moderada.

Lo más importante es tomar la decisión de dejar de fumar sin anteponer la excusa del temor a engordar, porque no sólo no es una misión imposible, sino que, además, es absolutamente posible y gratificante.