Anorexia y bulimia: señales de advertencia

Qué flaca que estás”, “qué bien te queda la ropa ahora que bajaste de peso”, “es una chica linda, flaquita”. En nuestra sociedad, la delgadez se ha vuelto sinónimo de belleza y hasta insólito pasaporte al éxito en diversas áreas del desarrollo personal, pero cumplir con algunos “mandatos sociales” puede llegar a enfermarnos.

Trastornos alimentarios serios como la bulimia, la anorexia y hasta la misma obesidad se multiplican expresando -y advirtiendo– que nuestra relación con la comida y con el comer no es saludable o, sencillamente, que hay algo que no está bien y que se expresa allí, en algo tan primario y fundamental como la nutrición.

“Los especialistas nos preocupamos cuando nuestros pacientes o quienes nos rodean presentan una preocupación excesiva por la forma de alimentarse o por su figura corporal. Las dietas restrictivas suelen ser el disparador de desórdenes alimentarios y comprobamos una y otra vez que la alteración de la imagen corporal casi siempre está ligada a una baja autoestima”, explica la doctora Ana María Cappelletti, médica especialista en obesidad de la Universidad Favaloro.

Bulimia y anorexia

La búsqueda de un “cuerpo modelo”, más allá de las verdaderas posibilidades biológicas de una persona, puede conducir a dietas de hambre imposibles de sobrellevar en el tiempo. “En forma patológica, en la anorexia nerviosa, triunfa el mandato de no comer sobre los daños físicos que ocasiona”, explica Cappelletti. Y en otros trastornos, como la bulimia, las restricciones son seguidas del descontrol, con episodios en los que se consume una gran cantidad de alimentos en un corto período de tiempo, seguido de un intento de compensar a través del vómito, el uso de diuréticos o laxantes, el ejercicio desmedido o el ayuno que invita a un nuevo descontrol”.

La anorexia nerviosa se puede considerar una alteración “por defecto” de los hábitos y/o comportamientos involucrados en la alimentación. Las personas que lo padecen dedican la mayor parte de su tiempo a temas alimentarios y todo lo que esté relacionado con ello. La preocupación por la comida y el temor a ganar peso son características típicas de este trastorno, junto con la inseguridad personal para enfrentarse a este problema. En general, quienes lo sufren niegan la enfermedad y se perciben gordos/as, más allá de la verdadera imagen que les devuelva el espejo.

En el caso de la bulimia, suele aparecer luego de que la persona ha realizado numerosas dietas dañinas sin control médico. La limitación de los alimentos impuesta por el propio enfermo le lleva a un fuerte estado de ansiedad y a la necesidad patológica de ingerir grandes cantidades de alimentos.

Los expertos destacan que en el origen de estas enfermedades intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales que desvirtúan la visión que el enfermo tiene de sí mismo. Lo que suele ser común tanto a la anorexia como a la bulimia es un gran temor a engordar. “El enfermo siempre se ve gordo, aun cuando su peso es normal, pero, sobre todo en el caso de la bulimia, no puede reprimir sus ansias de comer”.

La doctora Mónica Katz, médica especialista en Nutrición y Directora del Posgrado en Nutrición de la Universidad Favaloro asegura que la clave para detectar fácilmente estas patologías es el “dietar” como modo de vida. “Son personas que evitan particularmente comer las comidas que todos preferimos”, precisa. Con frecuencia sienten que están gordos aunque su peso sea normal o, lo que es peor, por debajo de lo normal, y también se suelen sentir incómodos después de haber comido.

Estos trastornos no hacen diferencias entre sexos ni edades, aunque los adolescentes son los más vulnerables ya que están en proceso de construcción de su identidad y, por lo general, no poseen aún criterios y valores propios que les permitan escapar a la presión de los modelos estéticos vigentes.

Compulsiones y excesos

Las personas muchas veces recurrimos a la comida para sentirnos mejor, para levantar el ánimo o para reconfortarnos cuando nos sentimos frustrados, ansiosos o aburridos. La doctora Rosa Labanca, miembro de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (SAOTA), explica que las compulsiones alimentarias son patologías muy complejas que comprometen física y psíquicamente a las personas.

“Las más relevantes son la bulimia nerviosa, síndrome del comer nocturno, síndrome premenstrual y el síndrome afectivo estacional, entre otros. Las características generales que estas compulsiones presentan son picoteos secretos de carbograsas, dieta durante las comidas, consumo excesivo de alimentos dietéticos y falta de conciencia de lo que se come y atracones”.

El trastorno por atracón o “binge eating desorder” está asociado a la conducta (repetida y sostenida) de comer compulsivamente, sin límites, rápido y sin placer por el alimento que se ingiere. Esta “necesidad” de comer puede surgir en cualquier momento del día, aunque es más común por las noches. Según los expertos, este trastorno es un desorden alimentario más frecuente que la bulimia y la anorexia, pero su diagnóstico es difícil porque las personas tienden a ocultarlo por vergüenza y porque no deja señales claras, salvo que uno controle la cantidad de alimentos que hay un hogar. “Generalmente, detrás de estos atracones hay un malestaer emocional que perturba a la persona, y que canaliza a través de estos actos irracionales y compulsivos”, explican los especialistas.

En la Sociedad Argentina de Nutrición agregan que otro trastorno frecuente es el síndrome del comedor nocturno. “Son personas que, por motivos fisiológicos, no tienen hambre durante el día y, durante la noche, se levantan y comen todo lo que no ingirieron durante el día, en general compulsivamente. Para tratar este trastorno -dicen– es fundamental consultar con un nutricionista y con un psicólogo, ya que ambos ayudarán a que la persona detecte entre el hambre real y el emocional”.

Juntos, alrededor de la mesa

El horario de la comida no es solamente el momento de comer. Juntarnos alrededor de la mesa y comer en familia tiene un significado mucho más importante: es el momento del día en el que nos comunicamos, compartimos y nos escuchamos. La comensalidad y las reglas y hábitos que se transmiten verbal y tácitamente cuando nos sentamos a comer son tan importantes como la comida en sí.

Los especialistas aseguran que comer en familia puede reducir el riesgo de sufrir trastornos alimentarios fomentando además una dieta equilibrada, variada y un estilo de vida ordenado. Por eso, la alimentación debe ser un tema en el que los padres lleven las riendas desde el principio, ya que establecer hábitos nutricionales saludables en los niños y compartir la mesa con ellos podrá garantizarnos que tendrán menos riesgos de padecer trastornos alimentarios o nutricionales.

Comer en familia: consejos para que todos se sientan integrados

1. Hacer una lista de compras pensando en el menú de cada día. Comidas simples pero que incluyan hidratos de carbono (pastas), legumbres (guisantes y lentejas), verduras, frutas, carnes y pescado.

2. Si no hay tiempo se puede utilizar un día para deja pre cocinados los pescados y las carnes y conservarlos en el freezer. Guardar las verduras en un sitio fresco. Al llegar del trabajo calentar lo que dejaron hecho y, de esta manera, se aseguran una buena cena.

3. Invitar a los chicos a participar. Pedirles que se encarguen de la ensalada o que ayuden a lavar las frutas. Incluirlos en estas rutinas hará que se acostumbren a colaborar y a compartir las tareas.

4. Los chicos no deben comer solos en sus habitaciones, mirando televisión y a cualquier hora. Es muy importante inculcarles la importancia de compartir opiniones, vivencias y experiencias al menos una vez al día.

Anorexia y bulimia: signos de alerta

1- Negativa a mantener el peso corporal por encima de un peso normal mínimo parar edad y altura

2- Intenso temor a aumentar de peso o engordar, aun cuando tenga peso insuficiente.

3- Percepción distorsionada del peso, tamaño o figura de su cuerpo.

4- En las mujeres, la ausencia de por lo menos tres ciclos menstruales consecutivos

5- Atracones recurrentes, en general seguidos de purgas (provocación del vómito o uso excesivo de laxantes, diuréticos o enemas.). Un atracón se caracteriza por la ingesta de alimento de manera impulsiva y compulsiva, en un lapso mucho menor al normal para el resto de las personas; y sensación de pérdida de control sobre la ingesta del alimento (no poder parar de comer o no poder controlar el tipo o la cantidad de comida que se está ingiriendo).

6- Conductas compensatorias inapropiadas, de manera repetida, con el fin de no ganar peso: provocación del vómito, uso excesivo de laxantes, diuréticos, enemas u otros fármacos. Ayuno y ejercicio excesivo.